«UN DÍA MÁS» NUESTRO HOMENAJE A LOS Y LAS DOCENTES

Se levantó muy temprano, 5:30 de la mañana, respondiendo a la invitación que cada día le hacía el despertador que tenía en su mesa de luz.

Caminó hacia el baño, todavía arropada en un pijama, bostezando y desperezándose a brazo tendido. Realizó el mismo ritual de todos los días frente al espejo del vanitory, una ducha coronó el primer momento de su día. El agua caliente desandaba su cuerpo, cerró los ojos y escuchó solo el sonido de la lluvia tibia pegando en su cabeza. Finalizó la ducha, que duró lo justo y necesario, blandió robre sus pelos el tibio aire del secador de pelo frente al mismo espejo que antes la veía desperezarse. Raudamente retornó a la habitación y se vistió como para salir a trabajar, solo que en sus pies aún estaban unas pantuflas de lana cruda de ovejas. En la misma sintonía maquilló discretamente su cara y se dispuso a caminar por un pasillo para llegar al living/comedor. En el camino se le interpuso un gato blanco que maullaba y parecía danzar un “buenos días” frente a ella en la medida que avanzaba – ¡Hola mishu! Exclamó acariciándolo de cabeza a cola. El minino le respondió con un nuevo maullido y corriendo hacia la puerta desde donde la miraba. Ella parecía comunicarse, tanto que fue, abrió la puerta que daba al patio trasero y dejó que el animal saliera.

Prendió la tele, la dejó en silencio y miraba titulares mientras saboreaba un jugo de naranja, seguido por unas frutas en ensalada y un sándwich tostado de jamón y queso. El ambiente olía a tostadas y un termo con agua parecía esperar su turno junto a un mate que colmaba de yerba sin mojar.

En todos esos haceres ya promediaban las 7:00 AM cuando por el pasillo apareció una joven – ¿Qué hacés ma? ¡Buenos días! Saludo la joven mientras estrechaban un beso breve en la mejilla. La joven preparó el mate que compartió con su madre mientras esta estaba absorta en una PC e intercambiaba con el celular. De repetente la mujer se quedó detenida en el celular, lo levantó, lo atendió. ¡Hola Sandra! Si, estoy mirando el trabajo de tu hijo – dijo mientras saludaba haciendo chau con la mano a su hija que salía por la puerta hacia un taxi que la esperaba en la puerta. – ¡Marianita, tu barbijo hija! – Dijo a la joven que se volvió a recogerlo de la mesa para ponérselo – ¡No importa, siganlos mandando, falta uno más para ponerse al día! Retomó con su llamada que no había terminado aún y seguía escuchando a su interlocutora ¿Cómo están con la tarea? ¡Me alegro! ¿Les falta algo? ¡Bueno, nos hablamos! Dijo para finalizar.

El teléfono quedó en la mesa y siguió sonando, el Whats App tenía muchos mensajes sin leer. Ella solo tenía tiempo para unos que provenían de un grupo “cuarto grado”. Respondió enviado un audio – ¡Felíz cumple a Martincito! Ya los termino de corregir – integró en el mensaje.

Así transitó su día, almorzó junto a su computadora y al celular. Un puchero que había preparado en su inagotable rutina para acompañar la fría mañana Aunque el almanaque marcaba septiembre, el clima parecía de mitad de Julio en aquella jornada de la Patagonia Argentina. El postre coronó la solitaria mesa, una porción de flan acompañada de caramelo y dulce de leche. Para esto dejó el teléfono y la PC de lado y lo saboreó como un momento único. Fueron 20 los minutos de silencio, el televisor seguía en el mismo canal, aún en silencio, con coloridas placas que decían “record de casos y muertos para el día de hoy”. Leer esto la dejó tildada, de repente sonó el teléfono nuevamente, ella lo atendió – ¡Hola ma! ¡Gracias, me había olvidado! ¿Cómo estás? – preguntó mediando respuestas de su madre del otro lado del teléfono – ¿Viste? ¡Es tremendo, sí lo estoy viendo también! – exclamó respondiendo a su interlocutora  – ¡Cuidate, no salgas a ningún lado, cualquier cosa avisanos y te ayudamos Marianita o yo! – advirtió antes de despedirse y volver a mirar mensajes de los alumnos y atender llamadas de los padres.

Salió a pagar cuentas promediada la tarde, siempre acompañada del teléfono a donde continuamente trataba de solucionar consultas de los padres. Desde allí contenía, enseñaba, corregía, canalizaba reclamos y se comunicaba con su familia.

En estos menesteres la alcanzó la noche con un te negro, el celular silenciado y unas tostadas con queso untable y un poco de música que la acompañaba. La escena fue interrumpida por su hija que ingresó a las 20:00 PM por la puerta de entrada munida de su barbijo. -¡Ma, que haces así, en chancletas, y sin arreglarte!  – la mujer miró asombrada a la joven que entró muy apurada con varias bolsas en la mano. De una de ellas sacó una torta, la depositó en la mesa y se dirigió a la cocina para preparar y depositar en el horno un pollo. – ¿Para qué querés que me arregle Marianita? – preguntó la mujer extrañada – ¡No creerás que me olvidé! – respondió la joven abrazándola – ¡Muchas felicidades mamita, te quiero mucho! enseguida se conecta papá para saludarte desde el hospital, así que ponete linda –  dijo Mariana abrazándola más fuerte y abriendo una aplicación de videollamadas en la PC. – la mujer agradeció y abrió un correo que llamaba la atención en la bandeja de entradas – “para la seño Rosa” era el motivo el mail, lo abrió y encontró un video Eran fotos de sus alumnos que transcurrían con un fondo musical “ojos de cielo”, una canción que le gustaba mucho. El video cerraba con letras de pluma sobre una hoja y caligrafía de niño “Te queremos seño, ¡Felíz día del maestro!” Sus ojos se humedecieron, los cerró, miró para arriba y dijo por dentro “un día más valió la pena”.

Foto de portada: PuntoEdu

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.