ANTONIO GIL: EL SANTO POPULAR CONCENTRA HOY LA ATENCIÓN DE GRAN PARTE DEL PAÍS

Su santidad no es reconocida por la Iglesia Católica, no obstante si figura y su historia reunen hoy a más de 300 mil fieles en torno a su santuario cercano a La Ciudad Correntina de Mercedes.

Existen varias versiones sobre su historia:

En algunas se sostiene que fue un gaucho trabajador rural que mantuvo romance con una viuda adinerada. Esto le hizo ganar el odio de los hermanos de la viuda y del jefe de la policía local, quien había cortejado a esa misma mujer. Como consecuencia del peligro que implicaba, Gil dejó el área y se alistó para pelear en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Luego de regresar, fue reclutado por el Partido Autonomista para pelear en la guerra civil correntina contra el opositor Partido Liberal, pero él desertó. Dado que la deserción era delito, fue capturado, colgado de su pie en un árbol de espinillo,y degollado. Antes de ser ejecutado, Gil le dijo a su verdugo que debería rezar en nombre de Gil por la vida de su hijo, quien estaba muy enfermo; al principio, el verdugo desconfió de él, pero cuando regresó a su hogar, el verdugo encontró a su hijo casi agonizando, desesperado, el verdugo le rezó a Gil y su hijo sanó milagrosamente. Él le dio al cuerpo de Gil un entierro apropiado, y las personas que se enteraron del milagro construyeron un santuario, que creció hasta hoy.

Se toma la tradición de envolver con banderas rojas o pintar de rojo los santuarios de veneración al Gauchito Gil, dado que es el color que caracteriza al Partido Autonomista en la provincia de Corrientes.

 Más de 300.000 personas se movilizaron desde todo el país entre el día de ayer, 7 de enero y hoy 8 (aniversario de la muerte del santo) hacia la localidad de Mercedes. El caballo no estuvo ausente.

Otra versión invita a visualizar a Gil como un cuatrero que se congració con los pobres. Reclutado para combatir en la Guerra de la Triple Alianza, desertó y fue perseguido. Cuando lo capturaron por los delitos que cometió, un comisario estaba a punto de dispararle debajo de un árbol, y el Gauchito Gil le dijo: «No me mates, que ya va a llegar la carta de mi inocencia». El comisario respondió: «Igual no te vas a salvar», y el Gauchito dijo: «Cuando llegue la carta vas a recibir la noticia de que tu hijo está muriendo por causa de una enfermedad; cuando llegués rezá por mí y tu hijo se va a salvar, porque hoy vas a estar derramando la sangre de un inocente». En esa época se creía que invocar la sangre de un inocente era milagroso. Al llegar a su casa en Mercedes, el comisario encontró a su hijo enfermo, rezó por él en nombre del Gauchito Gil y su hijo se curó. El comisario volvió adonde estaba el cuerpo de Gauchito Gil y le pidió perdón.

Más alla de las diferentes versiones sabemos que su muerte está envuelta por el milagro y forma parte de la deserción a pelear. Lo más difundido y sostenido por los devotos es la teoría de su lucha a favor de los pobres.

Actualmente, el santuario construido en un emplazamiento cercano al lugar de su muerte (ubicada a unos 8 kilómetros de la ciudad de Mercedes) recibe cientos de miles de peregrinos cada año, especialmente el 8 de enero, aniversario de la muerte de Gil. Su tumba está en el Cementerio de la Ciudad de Mercedes.

Todos tienen un motivo para arrimarse hasta el lugar a venerar al Gaucho Gil.

El Santuario recibe velas, regalos de promeseros y devoluciones de favores con copas de vino, facones, cigarrillos y preciados objetos. Grandes figuras de la música han dejado sus guitarras, reconocidos boxeadores dejaron allí guante y batas usadas en el deporte.

Es costumbre popular tocar bocina cuando se pasa apurado junto a cualquier santuario del «Gaucho milagroso».

En el día de hoy se brindarán en Mercedes oficios religiosos para rezar por la memoria del difunto, se sucederán bailantas, chamameceros en vivo, asados, tortas fritas y vinos. Una suerte de Fiesta Popular de la Fe.

El Padre Julian Zini dejó plasmado un homenaje en sus letras de «La Cruz Gil»

Como quien sale hacia el norte
y tira al oeste y se va,
a un poco más de una legua
de Mercedes, allí está:
parece una llamarada
quemando el espinillar;
¡las velas queman abajo
las banderas al flamear!
Viejo cruce de caminos
juntito a un algarrobal;
cuentan que un 8 de enero,
después de un San Baltazar
de lo de Zía Maria,
la partida policial
lo sorprendió y lo detuvo
mientras se puso a sestear.
Aunque estaba acompañado
nada pudo y se entregó;
mataron a trabucazos
a los otros que eran dos,
y a él, pues tenía sentencia
por ganchillo y desertor,
lo colgaron de los pies
y un indio lo degolló.
Cuando volvió la partida
cumplida la comisión,
se comprobó su inocencia
y la gente se enteró
por los mismos matadores
de todo lo que pasó
y de la cruz de espinillo
que allí clavada quedó.
La cruz que tanto jaleo
vino a suscitar después
cuando el dueño del lugar
barrio con todo
allí fue que se quedo medio loco
y le empezó a suceder
una collera de cosas
que son para no creer.
Desde entonces los viajeros
le dejan algo al pasar:
plata, velas o cigarros,
que uno los puede ocupar
con tal que rece al llevarlos
por el difunto, nomás.
No vaya a cruzar de largo:
chaque, le puede ir mal;
si con rezar un Bendito,
no pierde, y ha de ganar.
Los promeseros le dejan
para pagarle un favor
en mástiles de tacuara
banderas de su color,
casi todas coloradas,
y agradeciéndole a Dios,
se destiñen en el viento,
bajo la lluvia y el sol.
Cruces de fierro forjado
también le suelen llevar,
y hay promesas que se pagan
con un baile en el lugar:
¡por eso,
por eso algunos domingos
de cordión y mbaracá,
resucita la Bailanta,
y es ese,
y es ese un milagro más!

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.